En
realidad, se sabía muy poco de los proles. Y no era necesario saber
mucho de ellos. Mientras continuaran trabajando y teniendo hijos, sus
demás actividades carecían de importancia. Dejándoles en libertad
como ganado suelto en la pampa de la Argentina, tenían un estilo de
vida que parecía serles natural. Se regían por normas ancestrales.
Nacían, crecían en el arroyo, empezaban a trabajar a los doce años,
pasaban por un breve período de belleza y deseo sexual, se casaban a
los veinte años, empezaban a envejecer a los treinta y se morían
casi todos ellos hacia los sesenta años. El duro trabajo físico, el
cuidado del hogar y de los hijos, las mezquinas peleas entre vecinos,
el cine, el fútbol, la cerveza y sobre todo, el juego, llenaban su
horizonte mental."De todo lo escrito yo amo sólo aquello que alguien escribe con su sangre. Escribe tú con sangre: y te darás cuenta de que la sangre es espíritu."
“¿Para qué valdría la pasión (acharnement) de saber, si sólo asegurara la adquisición de conocimientos y no de alguna manera –y tanto como se pueda– el extravío de aquel que conoce? Hay momentos en la vida en que el problema de saber si uno puede pensar de manera distinta a como piensa y percibir de otra manera que como ve es indispensable para continuar mirando o re-flexionado. (...) Pero, ¿qué es la filosofía en la actualidad –quiero decir la actividad filosófica– si no es un trabajo crítico del pensamiento sobre sí mismo, y si no consiste, en lugar de legitimar lo que ya se sabe, en emprender la tarea de saber cómo y hasta dónde sería posible pensar de otra manera?”
El uso de los placeres.
Michel Foucault.
lunes, 3 de octubre de 2016
1984, fragmento.
En
realidad, se sabía muy poco de los proles. Y no era necesario saber
mucho de ellos. Mientras continuaran trabajando y teniendo hijos, sus
demás actividades carecían de importancia. Dejándoles en libertad
como ganado suelto en la pampa de la Argentina, tenían un estilo de
vida que parecía serles natural. Se regían por normas ancestrales.
Nacían, crecían en el arroyo, empezaban a trabajar a los doce años,
pasaban por un breve período de belleza y deseo sexual, se casaban a
los veinte años, empezaban a envejecer a los treinta y se morían
casi todos ellos hacia los sesenta años. El duro trabajo físico, el
cuidado del hogar y de los hijos, las mezquinas peleas entre vecinos,
el cine, el fútbol, la cerveza y sobre todo, el juego, llenaban su
horizonte mental.
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